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TOTALITARIOS

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sábado, 27 de julio de 2013

ALTESOR Y LEV : APARATO ARMADO, PCU Y CNT (1)

ALTESOR Y LEV : APARATO ARMADO, PCU Y CNT
Una polémica entre los ¿ex? bolches Iván Altesor, del aparato armado y León Lev, secretario general clandestino, ha dejado una vez más en evidencia que el PCU tenía un aparato armado para tomar el poder por la violencia en Uruguay y quizá lo tenga también hoy, y que daba órdenes a la CNT, como hoy se las da al pitcnt. He aquí lo que dice Altesor : MENSAJE DE LA 36 AL RECUERDO DE HECTOR ALTESOR “MEME” COMBATIENTE SANDINISTA CAÍDO EN COMBATE EN NICARAGUA Y A SU PADRE ALBERTO ALTESOR DIRIGENTE Y TEÓRICO COMUNISTA URUGUAYO Exposición de Iván Altesor el 11 de junio de 2013 en el Coloquio Internacional “Chile, Uruguay a 40 años de los Golpes de Estado”, realizado en México. Silvia Dutrenit: Le damos la palabra a Iván Altesor, para que nos haga el favor también de rememorar y dar su punto de vista de lo que fue aquel golpe de Estado del 27 de junio y los días posteriores en Uruguay. (En entrevista con Radio Centenario Silvia Dutrenit se refiere a la participación de Iván Altesor de la siguiente manera: “por Uruguay estuvo el testimonio de Iván Altesor, militante comunista, hijo de militante comunista y hermano de Héctor ‘Meme’ Altesor que murió en Nicaragua. Iván también estaba allí, estaban en dos columnas distintas ingresando a Managua, un día antes del triunfo, y Meme muere en combate. También estupendo testimonio, desde su posición de militante y enlace de la dirigencia del Partido, da su testimonio” Iván Altesor: Gracias Silvia. En primer lugar quiero agradecer a los organizadores de este Coloquio por el 40º Aniversario de los Golpes de Estado en Chile y Uruguay; al instituto Mora, a la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, a la Universidad de Quintana Roo y al Instituto de Asilo la Casa “León Trotsky”. Cuando Ana (Buriano) y Silvia (Dutrenti) me pidieron que diera un testimonio sobre la huelga general con que el movimiento popular uruguayo enfrentó el golpe de Estado, pensé que no podía hacerlo. Y la razón es que yo no estuve en las fábricas ni me atrincheré en los centros laborales como lo hizo la absoluta mayoría de los trabajadores uruguayos que acataron la decisión que la Convención Nacional de Trabajadores tomó en ese momento, pero que había aprobado en 1964 cuando el golpe de estado brasileño inauguraba el ciclo de dictaduras de Seguridad Nacional en la región. No contábamos en México en este momento con dirigente sindicales que pudieran guardar en sus memorias sensaciones y la participación directa durante la Huelga General. Yo en cambio, puedo dar un panorama general y limitado, de alguien que desde las actividades especiales que debía cumplir como militante político, tuve la oportunidad de acercarme a los centros de decisión, tanto del movimiento sindical como del plano político, y tener vivencias y recuerdos en esas circunstancias. Existen infinidad de materiales, entre ellos el de Álvaro Ricco, que recogen testimonios importantes de dirigentes sindicales; la labor fotográfica de Aurelio González que logró preservar un testimonio formidable de la magnitud que tuvo la huelga general. No pretendo hacer análisis porque no es lo que me corresponde; pero creo que es necesario saber que una vez que el presidente (Juan María) Bordaberry en alianza con los mandos militares, disolvió el Parlamento el 27 de junio de 1973, automáticamente se activaron las medidas que la organización partidaria a la que pertenecía, el Partido Comunista del Uruguay (PCU), y la Convención Nacional de Trabajadores (CNT), tenían previstas y establecidas desde una década atrás. Se inició la huelga y a las 5 de la mañana prácticamente todas las fábricas importantes del país estaban ocupadas. La huelga fue una respuesta imponente de los barajadores uruguayos, desde los obreros industriales, de la Construcción, empleados públicos, bancarios, profesores, maestros del transporte, como un solo hombre acataron y cumplieron la decisión de la Convención Nacional de Trabajadores.Pensábamos en ese momento que una resistencia fuerte podría hacer trastabillar la determinación de las derechas civiles y militares coaligadas, y que la huela general sería el núcleo central de esa resistencia. Pensábamos que si la huelga se profundizaba y si lográbamos hacerla muy combativa, quizás fuera reprimida fuertemente, pero que en su desarrollo podría concitar adhesiones amplias y dar por tierra con los planes golpistas. Y concebíamos en ese momento, erróneamente, no solamente los comunistas sino muchos sectores de la izquierda uruguaya, como lo comprobamos “a todo pasado” como se dice aquí, que estas acciones, pensábamos, detonarían las contradicciones y divisiones que suponíamos existían dentro de las Fuerzas Armadas. El Partido Comunista también, casi en paralelo y simultáneamente con la decisión de los trabajadores de decretar la huelga general en caso de golpe de Estado, anunció su determinación de enfrentar el golpe de estado en todos los terrenos. De modo que una vez disuelto el Parlamento, se concentraron las fuerzas construidas para ese fin, a la espera de órdenes. Es importante saber que al momento del golpe de Estado, los tupamaros estaban militarmente derrotados, sus principales dirigentes muertos, presos o en el exilio, y otras pequeñas organizaciones fuera del sistema político, también muy golpeadas. Ese día, el 27 de junio de 1973, sabía por indicaciones de la Dirección del Partido, que el accionar de esta organización especial y secreta estaría supeditada al comportamiento de las Fuerzas Armadas. Y las Fuerzas Armadas, por lo menos desde el último tercio del año anterior y en especial a partir del 9 de febrero de 1973, enviaban señales confusas, cuyo objeto era como luego fue evidente neutralizar la resistencia antigolpista. En ese momento, prácticamente la gran mayoría teníamos la expectativa de un pronunciamiento de sectores progresistas, “peruanistas”, al interior de las Fuerzas Armadas coincidente con el interés democrático y popular. Por lo tanto, la idea de que la huelga general se transformara automáticamente en un levantamiento popular se había diluido por lo menos momentáneamente. La huelga transcurría con gran fuerza, todos los gremios de la CNT pararon y ocuparon sus centros de trabajo, con algunas debilidades en el Comercio y algunos puntos del interior del país; y lo cierto es que ese movimiento sindical unificado y clasista, cumplía su función de resistencia en ese momento crítico. Cuando en las primeras horas de la mañana del 27 de junio, salía a cumplir mis tareas, que en ese momento era verificar el cumplimiento de la concentración de nuestras fuerzas especiales, recibí el llamado urgente de tomar contacto con el Secretario del Partido Comunista de Montevideo. Al encontrarme con él, me comunica que además de mis tareas, debía fungir de enlace entre él y el Secretario General del Partido. Le comenté lo riesgoso que era juntar esas dos tareas, el compañero lo reconoció pero me dijo que no había otra alternativa. Los comunistas uruguayos siempre actuamos públicamente y en la legalidad, y tuvimos dificultades y una gran incapacidad para adecuarnos rápidamente a las condiciones de clandestinidad. Sin embargo, ese hecho que no lo tendía previsto, me colocó en un puesto de observación y participación privilegiado. Supe desde el primer día, que la preocupación central de la Dirección del PCU era mantener firmemente la resistencia popular y buscar por todos los medios contactos con las Fuerzas Armadas con la esperanza de influir y deslindar a sus sectores progresistas. El mismo 27 vi al Secretario General del Partido a dos cuadras y pico de la vieja casa del Partido. Aquí las reglas de trabajo clandestino se aplicaban con rigurosidad, en cambio en el departamento del Secretario de Montevideo la actividad era muy intensa y las mínimas normas se violaban a cada momento. Era un mini departamento, nos tropezábamos en los pasillos, y varias veces me tuve que esconder detrás de un biombo para esperar que saliera el compañero que había llegado antes. Fueron días muy intensos y tengo dificultades para ordenar los hechos cronológicamente y transmitir por lo tanto, vivencias y emociones. Durante los 15 días, estoy absolutamente seguro, que vi a ambos dirigentes todos los días y en algunas ocasiones más de una vez. Vivíamos en esos días una especie de diálogo informal entre líderes de la izquierda, sobre todo de dirigentes sindicales, con mando militares de diferentes niveles, en las zonas industriales donde había muchas fábricas ocupadas, estos dirigentes eran frecuentemente convocados por los jefes de los cuarteles a dialogar. Y en algunos casos, algunos sindicalistas tenían acceso libre a esas unidades militares. Se trataba sin duda de una operación, de una estrategia, impulsada por los militares para neutralizar al movimiento popular y transitar las primeras semanas del golpe sin desatar una gran represión y evitar la radicalización del movimiento anti golpista. Lamentablemente, llegamos a pensar que acaso era posible encontrar una salida a la coyuntura a través de una negociación con algunos sectores de las Fuerzas Armadas. Puedo testimoniar en este sentido, por ejemplo, que en los primeros días de la huelga el Secretario del Partido en Montevideo, me lee una carta escrita por él dirigida al Jefe del Servicio de Inteligencia de la Fuera Aérea, era notorio que se conocían de antemano, una carta escrita como uruguayo, patriota, padre de familia, abuelo, obrero, dirigente político, con el fin de tocar la sensibilidad de este alto oficial de la Fuerza Aérea.Fue, recuerdo, unas de las pocas veces que tuve que estar moviendo papeles entre ambos dirigentes. Le llevé la carta al Secretario General del Partido, en general nuestras comunicaciones y mensajes eran orales. Me movía en una ciudad patrullada día y noche por el Ejército y la Policía. Y sin duda esta carta era una carta fuerte y no supe si llegó a su destino. Lo que fluía entre ambos dirigentes por mi intermedio estaba generalmente relacionado a la marcha de la huelga, al grado de represión, a la desocupación por la fuerza y la vuelta a ocupar, los resultados de las conversaciones entre dirigentes sindicales y oficiales, mandos de distintos niveles de las Fuerzas Armadas, en especial las sostenidas con los Jefes de los cuarteles en las zonas fabriles, cercanas a las fábricas; la detención de compañeros y el movimiento de cuadros de la organización partidaria. Estos intentos renegociación se mantuvieron durante el transcurso de la huelga. En esos días supe en forma directa que el Secretario General del Partido a través de un enlace, le ordena al Coordinador Sindical del Partido que era mi padre, tomar las medidas para levantar, suspender, la huelga en el transporte público municipal. Esa medida pretendía ser un gesto de buena voluntad del movimiento sindical y de partido en la búsqueda de un diálogo con sectores de las Fuerzas Armadas para encontrar una salida positiva a la coyuntura.El Coordinador Sindical rechazó al enlace, no aceptaba el cumplimiento de esa orden por su intermedio y solamente la llevaría a la práctica si se la daba directamente el Secretario General. Así se hizo. Se que finalmente cumplió más por disciplina que por otra cosa y la huelga fue levantada en ese sector. Mi padre quedó con una gran preocupación con este asunto, no encontraba una palabra para mostrar el sentimiento que tenía pero, como decimos en Uruguay, le quedó como un entripado con el tema y era evidente que sintió la necesidad de compartirlo con alguien, y lo hizo conmigo. Al paso de los días, pocos días, todo transcurría a una velocidad increíble, no hubo ninguna señal de la contraparte militar en el sentido de concertar una posible salida. Entonces se intentó reactivar la huelga en ese sector del Transporte pero ya no fue posible. Todo se había manejado en secreto y el desprestigio, desgraciadamente, cayó sobre los dirigentes sindicales de ese sector del transporte que no pudieron explicar a los trabajadores las razones del levantamiento de la huelga.Suspender la huelga en una parte del Transporte supuso modificar la imagen del conjunto y debilitó, ciertamente, la resistencia general. Por cierto la gente no conocía el trasfondo de esta negociación y lo atribuía a una debilidad de ese Sindicato en concreto. Posteriormente a solicitud del propio Secretario General, se nos pidieron planes para poder bloquear las líneas eléctricas de los troles de la ciudad de Montevideo. Se presentaron varios planes alternativos con ese objeto y solamente se cumplieron algunos, lo de menor intensidad. En los primeros días de julio, no tengo precisión de la fecha, pero debe haber sido el 2 o el 3 de julio, la Dirección del Partido, empieza a considerar que la resistencia e estaba volviendo pasiva, que había que reactivarla, darle una nueva dimensión, sacar a los compañeros a la calle, recorrer los barrios, incorporar a los vecinos, hacer manifestaciones, en fin darle mayor combatividad a la resistencia.Era una preocupación compartida por todos los sectores de izquierda que tenían participación, presencia, en el movimiento sindical. En ese sentido se convocó a una manifestación en el este de la ciudad de Montevideo, desde la Unión hacia Maroñas, en una zona popular, con concentraciones obreras particularmente de textiles y metalúrgicos. El día anterior a la manifestación, el Secretario del Partido de Montevideo, nos dio la orden de que la Estructura Especial del Partido en la zona participaran en la misma armados con al orden de responder en el caso de represión. Y además, se hacía la indicación que todo aquel que tuviera un arma la portara en la manifestación. Se trataba de responder sólo si había represión. Creo que recibí la orden al mediodía del día anterior, la transmití inmediatamente, disponíamos de poco tiempo y la orden fue dada al Jefe de la zona y transmitida. A media mañana del día de la manifestación, el Secretario de Montevideo me dio una contraorden, había que parar todo y estaba previsto que la manifestación se iniciara a las 12 horas del mediodía. Me movía por suerte en una moto por esos días. Cuando doy la contraorden al compañero encargado de la zona, ya se había iniciado la manifestación. El compañero salió como loco, enojado, sin recibir explicación, que yo tampoco tenía, a detener la determinación de responder con armas en caso de represión. Había poco tiempo, la duración de la manifestación sería de 30 o 40 minutos, no recuerdo haber transpirado tanto en pleno invierno. Tuvimos suerte, no fuimos reprimidos, la manifestación llegó a su destino y se disolvió sin problemas. A esta altura ya se hacia evidente que la huelga no lograría su objetivo que era desbaratar el golpe y generar un levantamiento de supuestamente progresistas, democráticos, constitucionalistas, al interior de las Fuerzas Armadas.Las fábricas, los centros de trabajo, las universidades, los institutos de Enseñanza, todo se mantenía ocupado, pero se notaba el desgaste de la resistencia. Una huelga general de esa dimensión, de esa magnitud, y de contenido político como era porque no era una huelga de reivindicaciones salariales, a medida que pasa el tiempo y no logra nuevas adhesiones, tiende a debilitarse. No se si concretamente a debilitarse, pero pierde fuerza. Y se palpaba, existía en el ánimo general, un poco la idea de que al día siguiente tenía que suceder algo que la reforzara, que la reactivara, y le diera un nuevo ritmo a la huelga y eso no sucedía. De todas manera, es bueno saber por lo menos así lo entiendo yo, que esa huelga general tuvo un valor fundamental. Primero fue la coagulación en ese momento crítico de enfrentamiento al golpe, de la labor del movimiento sindical y popular de muchos años. Coaguló en ese momento la experiencia y la fuerza del movimiento sindical y estudiantil, que fue construyéndose a lo largo de muchos años. Llegado ese momento en que la huelga no se perfilaba, no alcanzaba a adquirir mayor fuerza y un ritmo de más combatividad, el Secretariado de la Convención Nacional de Trabajadores en coordinación con todas las fuerzas políticas opositoras a la dictadura convocó a una manifestación a las 5 de la tarde del 9 de julio de 1973.Desde la Radio Sarandí, una radio montevideana, el locutor Rubén Castillo recitaba toda vez que le fue posible el poema de García Lorca “A las cinco de la tarde”, convocando a la manifestación. Fue una inmensa manifestación, encabezada por los dirigentes de la CNT y del Frente Amplio. El despliegue represivo también fue enorme, hasta tanques intervinieron, y se les enfrentó con barricadas. Sin embargo, las Fuerzas Armadas uruguayas siguieron siendo cautas en materia de represión, no hubo muertos, hubo algunos heridos, muchos detenidos, destrozaron la sede del diario El Popular del PCU, cercano al punto de partida de la manifestación; y ese mismo día fueron apresados los generales (Líber) Seregni y (Víctor) Licandro; y el coronel Carlos Zufriategui, que eran los principales militares frenteamplistas; participantes en la manifestación por cierto y buenos consejeros en la táctica usad para repeler el ataque policial y militar. La manifestación del 9 de julio fue la culminación de la huelga. A partir de ese momento se comenzó a considerar su levantamiento, a determinar la fecha y la modalidad de hacerlo. Se generó por supuesto, una breve e intensa polémica, al interior de la dirección sindical entre los que querían mantener la huelga y los que pretendían finalizarla con un repliegue ordenado a fin de evitar mayor desgaste y el desmantelamiento de la resistencia popular. Esta última era la postura de la Dirección del Partido Comunista y que fue en definitiva la que predominó en la dirigencia de la CNT. La huelga se levantó el 11 de julio. Unos valoraron este hecho lisa y llanamente como una derrota. Otros, como un repliegue táctico para iniciar una nueva etapa de la resistencia antidictatorial. Creo que a 40 años aún se mantiene abierta la discusión, pero es indudable que esa huelga determinó que la dictadura naciera con una base social extremadamente débil. Los comunistas siempre fuimos reacios, reticentes, a catalogar como derrota el resultado de una lucha popular, no por un vano triunfalismo, sino por la idea de no afectar el ánimo de la gente. Nos costó algún tiempo incorporar el término derrota a nuestro vocabulario. Estos problemas del levantamiento o no de la huelga, etc. fueron el flujo de información que tuve que transmitir entre ambos dirigentes partidarios, varias causas que no viene al caso enumerar, determinaron que continuara como enlace entre ambos dirigentes hasta el 8 de mayo de 1974, en que fue detenido el Secretario General o más exactamente, hasta el día siguiente en que yo corrí la misma suerte. Gracias. ¡FUERA EL COMUNISMO VENDEPATRIA DEL GOBIERNO Y LOS SINDICATOS URUGUAYOS!

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